Si admitimos que una de las máximas que rigen nuestra cotidianeidad, sorpresiva en su ligereza y juego irónico, verdaderamente mozartiana en su estilo donjuanesco y digna de un esteta mallarmeano (inclusive capaz de abolir los espejismos del amor), es aquella que prescribe nunca olvidarse de Emilio (y de que esto esta lleno de ninjas) evidentemente (el elemento que lo lleva detrás) prescribe reconocer que no somos capaces de cultivar un epicureísmo sutilizado. Aquella doctrina que ciertamente convendría a nuestros nervios cerebrales se ve constantemente opacada por ese daemon que nos susurra que las cosas nunca, nunca son simples y que alguien (posiblemente uno mismo) se puede llegar a esmerar para que todo vaya mal. Hablo sencillamente del demonio de la neura. Lo conocen? El famoso sabotaje a la felicidad. Palabras certificadoras que nunca tardan en llegar (2 semanas aproximadamente) y que en su efímera aparición nos obligan a jugar muy bien contra nosotros mismos. Preguntas para entretener la conciencia, sintetizadas en aquel magnifico estribillo Franz Ferdineano: Are you having a happy life, if you did the things you like?
Cuando se llega a ciertas intensidades y todo adquiere sentido, demasiado para un cerebro normal, el delirio interpretativo y el angustión están “a la mano” como diría Heidegger. Sin embargo (habrá algún placer en la vida sin embargo?) podemos disponernos a luchar hasta las ultimas consecuencias. Armarse una Joy Division y empezar a conocerse con fingimiento y táctica. Dejar de saber con la ventaja intelectual de la certidumbre y entregarse al Uno. De lo contrario es como constatar en medio de la pista de baile que dentro de cien años habrá un recambio total de la población mundial y que todas esas “chicas modernas” van a estar muertas. O descubrir mientras armamos una cama que existe una metafísica de las tuercas (si te dicen para la izquierda, que lado es? pura intuición a posteriori). Imposible vivir si todos los días son domingo. Lo que significa que la apuesta disparatada al consumismo, podría darnos en breve el placer -discutible, controversial- de adquirir un Rubick´s Cube o alguna cosa así, una Vespa, alguna poronga cara, tipo un ladrillo de porro, o una maquina de café. Un poco de tontera, si total, la ideología es eterna. Hay que estar dispuesto. Aunque, como diría Ian Curtis, a veces “I have the spirit, but loose the feeling”.
S