Archivos para 26 febrero 2008

Ochenta(y uno)

A principios de los años 80 en la Argentina, se sabe, la difusión de música en inglés estaba prohibida. El trastorno de la escena argentina fue tal, que posibilitó una segunda (e innecesaria) arremetida del régimen dinosáurico del rock de los 70s. Solo algunos pocos discos valorables del ámbito nacional pudieron capitalizar la prohibición y el extraño estado de situación. Entre ellos, Yendo de la cama al living, de Charly García (conocido por el ser el primer disco de factura nacional completamente grabado con baterías electrónicas).
Aquellos renegados que se negaban a la imposición de sonidos por parte del estado, contaban con un pequeño puñado de opciones: someterse al flaquísimo mercado discográfico nacional de música extranjera (ninguna compañía iba a tener la oximorónica idea de editar un disco que tenía su difusión prohibida); recurrir a la primitiva copia cassette, que derivó luego, en plena primavera alfonsinista, en proyectos sumamente interesantes como el sello/red de trafico de música Catálogo incierto, dirigido por Daniel Melero (A propósito, dice Melero: “Los cassettes de Catálogo Incierto se vendían como se vendería droga en una esquina. Elegir ser ilegal; elegir el problema como tu virtud; esa era la cuestión”). Pero, en definitiva, esta variante dependía de la última de las opciones posibles: el contrabando de discos importados desde Brasil y Chile. Contadas anécdotas hay sobre camioneros cruzando pasos fronterizos con cajas sin rotular conteniendo vinilos de Ultravox, Bowie, XTC, Cocteau twins, Joy division, The cure, entre muchos otros. Mendoza de repente, por su proximidad con la capital trasandina, se convirtió en cita obligada para los oyentes anglo porteños. El disco en inglés se convirtió en un producto preciado, caro y difícil de conseguir. Algo así como un cartón de Dunhill o Gauloises.
Ya sea porque los discos eran lo suficientemente buenos como para valer el esfuerzo, o porque valía la pena escuchar y re-escuchar hasta el cansancio esos discos que habían sido tan difíciles de conseguir, la generación de los primeros 80s tuvo un oído particularmente atento para los nuevos sonidos. Los curiosos e inquietos oyentes afinaron y refinaron sus oídos. Todos los discos importantes de esa época, circularon en la Argentina de ese modo. Pettinato, en uno de esos artículos suyos que aparecen cada tanto y que en general aburren por su insistencia en la mística de los 80s, dice: “¡De pronto aparecían los Cocteau Twins y amanecías en la casa de Cerati, con el que habías hablado a las once de la noche y terminabas ahí inmóvil, aplanado por un sonido que te parecía invencible, subyugado por una tapa que bien podría ser tan sólo una mancha de un pocillo de café aumentada 100 veces! …y Cerati caminaba por la habitación en forma discontinua. De pronto estaba en un lugar y, como si faltaran cuadros a la película, aparecía en otro. Creo que hoy hacen eso muy bien con las películas posmodernas inglesas.” El párrafo, a pesar de ser misticista en demasía, bien vale para retratar un estado de situación: Los discos se escuchaban en el encierro, y solo algunos privilegiados conseguían algunos discos.
Melero y Cerati no aparecen aquí por mero capricho del autor (o sí), sino más bien por ser verdaderas usinas del under porteño. Si bien los apellidos más afamados de estos primeros años coinciden con los de los tres famosos muertos de los 80s: Moura, Abuelo y Prodan (y me permito esta pequeña digresión: todos tenemos un muerto preferido de los ochentas ¿cuál es el tuyo?), la marca Meleristico-Ceratiana sigue impresa (a fuego, en mi humilde entender) en la impronta del rock argentino actual. Y esto no tiene que ver con cuan buen músicos e interpretes hayan sido Melero y Cerati respectivamente, sino más bien con cuan buen oyentes han sido…de hecho los primeros ochentas no dejaban ver todavía las cualidades de Cerati y Melero como interpretes, pero bien vale aclarar que sí los había confirmado como oyentes privilegiados, verdaderos faros en los que guiarse en la penumbrosa neblina del rock de los 80s.-


(El texto anterior pertenece a una serie más larga sobre los años ochenta en la Argentina, que puede que aparezca o no, en lo sucesivo.)

D.

no importa quién habla

acá, en este reducto de principiantes que se retuerce ante lo desconocido conceptualizandolo, etiquetandolo con piruetas que se escudan detrás de la “libertad”, el “saber”, la “jovialidad eterna”. en este espacio en blanco, que vaya uno a saber por qué parece necesario llenar: como si tuvieramos algo que decir, nuevos puntos que conectar hasta saturarnos, nuevos placebos para nuestra decadencia prematura.

solo acá cobra sentido intentarlo, quizá con vergüenza, bajito, con una mueca de complicidad: esto es una mierda.

y por eso mismo, me pienso quedar

VM

Quit

Me voy de los plagiarios, alguien aquí anoche suprimió mi última entrada.* No da, nunca pensé que entre pares alguno me fuera a censurar (o, evidentemente, hay alguien aquí que no se considera un par sino más arriba que el resto, un editor de facto, lo cual tampoco me agrada).

Finalmente las palabras de Ainaya resultaron proféticas.

Saludos,

Simón.

*la entrada, polémica por cierto, era “Los plagiarios es una mierda”

Woody

 

Um, tsch — it’s, uh … well, it has to be optimistic. Well, all right, why is life worth living? That’s a very good question. Um. Well, there are certain things I — I guess that make it worthwhile. Uh, like what? Okay. Um, for me … oh, I would say … what, Groucho Marx, to name one thing … uh ummmm and Willie Mays, and um, uh, the second movement of the Jupiter Symphony, and ummmm … Louie Armstrong’s recording of “Potatohead Blues” … umm, Swedish movies, naturally … ¨Sentimental Education¨ by Flaubert … uh, Marlon Brando, Frank Sinatra … ummm, those incredible apples and pears by Cezanne … uh, the crabs at Sam Wo’s … tsch, uh, Tracy’s face …

  

S

s/t

La fe cristiana y la voluntad de poder son una y la misma cosa, y quien diga lo contrario ignora completamente el problema de la justificación de los contextos de verdad.

Llegados a la última instancia, la del fundamento, toda la cuestión rota sobre quién dice; allí fe y voluntad de poder son indistinguibles.

Simón

Quiero una Joy Division

   Si admitimos que una de las máximas que rigen nuestra cotidianeidad, sorpresiva en su ligereza y juego irónico, verdaderamente mozartiana en su estilo donjuanesco y digna de un esteta mallarmeano (inclusive capaz de abolir los espejismos del amor), es aquella que prescribe nunca olvidarse de Emilio (y de que esto esta lleno de ninjas) evidentemente (el elemento que lo lleva detrás) prescribe reconocer que no somos capaces de cultivar un epicureísmo sutilizado. Aquella doctrina que ciertamente convendría a nuestros nervios cerebrales se ve constantemente opacada por ese daemon que nos susurra que las cosas nunca, nunca son simples y que alguien (posiblemente uno mismo) se puede llegar a esmerar para que todo vaya mal. Hablo sencillamente del demonio de la neura. Lo conocen? El famoso sabotaje a la felicidad. Palabras certificadoras que nunca tardan en llegar (2 semanas aproximadamente) y que en su efímera aparición nos obligan a jugar muy bien contra nosotros mismos. Preguntas para entretener la conciencia, sintetizadas en aquel magnifico estribillo Franz  Ferdineano: Are you having a happy life, if you did the things you like?

Cuando se llega a ciertas intensidades y todo adquiere sentido, demasiado para un cerebro normal,  el delirio interpretativo  y el angustión están “a la mano” como diría Heidegger. Sin embargo (habrá algún placer en la vida sin embargo?) podemos disponernos a luchar hasta las ultimas consecuencias. Armarse una Joy Division y empezar a conocerse con fingimiento y táctica. Dejar de saber con la ventaja intelectual de la certidumbre y entregarse al Uno. De lo contrario es como constatar en medio de la pista de baile que dentro de cien años habrá un recambio total de la población mundial y que todas esas “chicas modernas” van a estar muertas. O descubrir mientras armamos una cama que existe una metafísica de las tuercas (si te dicen para la izquierda, que lado es? pura intuición a posteriori). Imposible vivir si todos los días son domingo. Lo que significa que la apuesta disparatada al  consumismo, podría darnos en breve el placer -discutible, controversial- de adquirir un Rubick´s Cube o alguna cosa así, una Vespa, alguna poronga cara, tipo un ladrillo de porro, o una maquina de café.  Un poco de tontera, si total, la ideología es eterna. Hay que estar dispuesto. Aunque, como diría Ian Curtis, a veces “I have the spirit, but loose the feeling”. 

S
 

El futuro

Andreas Gursky - Roys ‘R’ Us, 20.2.2000.jpg

 

 

El arte contemporáneo busca desenfrenadamente construir las afecciones de los próximos años, exhibir en su paleta los sentimientos del futuro próximo. El porvenir del pensamiento se expresa hoy más que nunca a través de la imagen; pero pocos como Andreas Gursky pueden elaborar un concepto usando tan sólo bloques afectivos del presente inmediato.

El error sería confundir esta imagen con un paisaje: aquí no hay nada detrás de los cables telefónicos. Nada detrás de los grandes almacenes ni por debajo del pavimento que sugiera una perspectiva o una deriva del sentido. Pero sí hay una narrativa: el futuro, está ahí a la vista: Toyota, Toys ‘R’ Us.

Apuntes para una reseña literaria deconstruida (Epílogo)

Hacer una afirmación tajante sobre cualquier libro de Roth es como intentar escrutar esa increíble masa energética que son los agujeros negros. Resulta imposible. Y Exit Ghost no es nada, excepto eso, una constatación de esa afirmación.-

Deleuzeana (1)

Simón - Deriva
Simón – Deriva, 2007, 200 x 300cm. Copia color tipo C

deriva: movimiento incesante y a la vez impredecible, que no respeta patrones prefijados y que no ofrece garantías de arribar a buen puerto

Colón no viajó; estuvo a la deriva un par de meses en el mar hasta que se topó con una isla. Ahí se reterritorializó, y tomó posesión de las tierras en nombre de Dios y los reyes católicos. Pero esos meses en el mar —sin más compañía que un sextante, las estrellas y las cartas de navegación— fueron los meses más ateos de su vida.

Apuntes para una reseña literaria deconstruida (7)

Si hasta Julian Barnes, luego de una charla abierta en un célebre museo porteño hace unas horas, admite ante una accidentada re-pregunta de un joven tímido que se le acerca, que: “Aunque me gusta más su periodo intermedio (the counterlife, sobre todo) y no me gustan sus ultimas novelas -entre ellas, Exit ghost- debo decir que todo lo que salga de la pluma de Philip Roth es producto de una inteligencia y una creatividad sin precedentes“.-

 

Apuntes para una reseña literaria deconstruida (6)

Si Roth tuviera que reconocer haber llegado al parnaso de los novelistas americanos, debería reconocer tres grandes maestros: Faulker, Hemingway y Bellow (todos premios Nobel) Y todos ellos aparecen, de alguna u otra forma, en las páginas de Exit Ghost.-

Apuntes para una reseña literaria deconstruida (5)

Amy Bellette (aquella presunta Ana Frank veinteañera) y Nathan Zuckerman son como enemigos del tiempo. Están viejos, pierden la memoria y se mean encima. La historia (como flujo) los devora, o más bien, los expulsa. En ese sentido son espectros expulsados.-

Apuntes para una reseña literaria deconstruida (4)

Roth hizo de su obra un set de cajas chinas meta-ficcional. En su histriónica habilidad para borrar la línea entre autor y personaje, derribó para siempre el pilar de la crítica literaria especializada. Como dijimos antes, Zuckerman es y no es Roth.-

El affaire Nabokov

La solución es clara: si el hijo es foucaultiano debe publicar el inédito; si no cree en la muerte del autor, debe usarlo para su próximo asado.

Simón

Apuntes para una reseña literaria deconstruida (3)

The ghost writer y Exit ghost no solo están hermanadas por su título y su tema. Diría que más bien, una obra redime a la otra. Si Zuckerman se hace escritor después de la visita a Lonoff, solo puede retirarse de la escritura redimiendo la figura de su maestro, o más bien, sepultándola.-



Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.